Cada mañana al levantarme…

Este texto ya tiene un año, lo tenía perdido por ahí y he decidido publicarlo. Si consigue mover algún corazoncete fenomenal, y si no, siempre estará escrito.

Cada mañana al levantarme, tras el primer café, hago mio un espacio de tiempo.
Salgo al exterior de mi vivienda y miro al horizonte, me pierdo en el y las sensaciones fluyen por doquier. Imagino la continuidad de ese horizonte dibujando la curvatura de la esfera terrestre. Estoy en el Mediterráneo y miro hacia el Oeste. Aprecio un sonido de fondo, es un sonido sereno, perpetuo, embriagador, parece la mismísima tierra  rotando sobre si misma.

Si, eso debe ser.

Ahora, estoy  cruzando la península siento a las personas y a los animales. Estoy relajado. De repente me sobresalto, es el Océano Atlántico. El sonido de fondo ha cambiado, es más inquietante, me aturde, decido sumergirme. Mientras, viajo hacia América.
Sumergido, enfoco mi atención en el fondo. Me invade un pensamiento inquietante; todo lo que el Océano no nos consigue devolver o en su defecto  queda flotando en el ¿Estará ahí abajo?. Bajo hasta lo más profundo y el pensamiento muta en sensación pues así es , seguramente por cientos de años.

Decido salir a la superficie.

Hacia la  mitad del camino un impulso extraño hace que mi brazo derecho se extienda. Giro la cabeza y puedo ver los cortantes de Inglaterra golpeados por el incesante oleaje del canal de la mancha. Noto la energía de sus gentes, sus sensaciones, sus inquietudes. Son iguales a las de España y Portugal, quien lo diría. Vuelvo a tener esa sensación de relajación. La costa este de América esta delante de mí. Vaya, parece que toda la energía que se emite de Norte a Sur se concentra a mi paso. Caudales enormes de sensaciones navegan junto a mi. Nueva York, Nueva Orleans, México, Brasil, Florida…

De nuevo me sobresalto, esta vez es el Pacífico. Estoy a punto de sumergirme cuando algo llama mi atención; giro mi cabeza a la derecha y no puedo creer lo que veo, ahora sé donde esta todo eso que el océano no nos puede devolver y tampoco está en el fondo. Una enorme masa de plástico del tamaño de mi país flota fundida, y conformada en isla, navega hacia mí. La sensación de pena vuelve. Pienso en nosotros, los humanos, en lo grandes que somos, en nuestra fuerza y en nuestra energía y quedo conmigo mismo en ahondar sobre este asunto cuando llegue a casa. Hawai me hace pensar en los volcanes del mundo y en lo insignificantes a la vez de ignorantes que somos en comparación con el.

Ahora tengo prisa por llegar.

Intento concentrarme en el rugir de la rotación para recuperar el estado de paz. No puedo. De hecho me permito imaginar Asia y Oceanía sin haber llegado aún, porque ahora tengo prisa por llegar.

Mi enfoque ha cambiado.

Abro los ojos y me concentro en mi inmediato alrededor. Miro el reloj, apenas ha pasado un minuto. He de hablar de esto con los demás.
Desde lo absoluto de la individualidad me pregunto, ¿ Qué nos pasa cuando nos hacemos masa?.
Aquí están permitidos todos los pecados capitales y también los secundarios, menos la mentira. Esta terminantemente prohibido mentir a los demás y mucho menos a uno/a mismo/a.
Esto es humanoblog.com.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s